miércoles, 12 de abril de 2017

MICRORRELATOS (9) JULES RENARD.

JULES RENARD

LA JAULA SIN PÁJARO

Félix no entiende cómo es posible tener a los pájaros prisioneros en jaulas. —Del mismo modo —dice— que es un crimen cortar una flor, y personalmente sólo quiero aspirar su perfume cuando se encuentra en su tallo, los pájaros están hechos para volar.

No obstante, compra una jaula y la cuelga en la ventana. Le pone un nido de borra, un plato de semillas, una taza de agua pura y renovable. Le añade un columpio y un espejito.

Y cuando, sorprendidos, lo interrogan, contesta:
—Cada vez que miro esta jaula, me felicito por mi generosidad. Podía encerrar en ella a un pájaro y la dejo vacía. Si quisiera, un oscuro tordo, un pardillo elegante o cualquiera otra de nuestras aves, sería esclava. Pero, gracias a mí, cuando menos una de ellas permanece libre. Siempre pasa lo mismo.
                                                                   

                                                                     Jules Renard, Historias Naturales.


SOBRE LA POESÍA (15) JOHANNES PFEIFFER

JOHANNES PFEIFFER

LA TAREA

CLAVE. REVISTA DE POESÍA Y CULTURA.

CALI, COLOMBIA.

La poesía es arte que se manifiesta por la palabra, como la música es arte que se manifiesta por los sonidos, y la pintura arte que se manifiesta por los colores y las líneas. Todos sabemos hablar, todos hemos aprendido a leer; de ahí que cualquiera de nosotros se considere capaz de leer poesías, y se crea con derecho a valorarlas.

En otras palabras, como el lenguaje, instrumento diario de comunicación, es familiar a todos, todos se sienten competentes, aun en aquellos casos en que el lenguaje se ha empleado en una «configuración». A esto se añade otro hecho: el prejuicio germánico en favor de la llamada profundidad. Lo que ante todo suele buscarse en la poesía y exigirse de ella son ideas y problemas; y en consecuencia, las gentes se desentienden totalmente de si aquello que la poesía se propone y pretende decir «existe» realmente en ella, si se ha transformado o no en configuración verbal.

Siempre podemos y podremos luchar contra esta mezcla de presunción e impotencia, despertando nuevamente la sensibilidad hacia la esencia de lo poético. Nuestra meta debe ser un trato honrado y objetivo con la poesía. Pero sería erróneo suponer que esta objetividad equivale a un juicio desinteresado o a una valoración esteticista. No, la única actitud auténtica ante el arte es y será siempre una participación sentimental y emotiva; aunque, claro está, todo depende de que mi sentimiento sea acertado o desacertado y de que mi emoción se justifique o no; hay que lograr, ante todo, la pureza del sentimiento.


El primer paso hacia esa pureza consiste en aprender a no quedarnos insensibles ante lo que nos parece obvio. Debemos hacernos sencillos e ingenuos; debemos preguntar consciente y expresamente por cuanto creíamos ya sabido y conocido, cambiar los grandes billetes de la comprensión consagrada por humildes moneditas; sólo así podremos llegar a la esencia de las cosas.